Lo que le pasa a tu cuerpo cuando solo bebes refrescos de cola durante un mes

Un ciudadano estadounidense realiza un peculiar experimento, motu proprio, para comprobar los efectos del consumo de 10 latas diarias en el organismo
Foto: Los refrescos de cola gozan de una gran popularidad. (iStock)

Los refrescos de cola gozan de una gran popularidad. (iStock)

Original, cereza, limón, lima, naranja, vainilla, mora… A pesar de que los envases (como la tradicional botella con forma de mujer o de la lata roja de las máquinas expendedoras) no hayan cambiado significativamente desde décadas la marca de refrescos por antonomasia ha desarrollado todo tipo de variantes en busca de diferentes huecos de mercado según los gustos y preferencias de los consumidores de cada país. Y es que no hay duda de que Coca-Cola es todo un referente a la hora de saber vender bien sus productos.

El éxito de que estos refrescos lleguen, sin embargo, a nuestra mesa supone que se supriman otro tipo de bebidas que aportan menos carbohidratos y calorías a nuestra dieta. ¿Qué sucede, entonces, si los refrescos de cola se incorporan sistemáticamente a nuestras comidas, encuentros en el bar, momentos de relax, etc.?

El experimento se inscribe en un contexto donde las marcas de refrescos se encuentran sumidas en fuertes debates que atañen a la salud pública

George Prior se ha hecho una pregunta parecida y ha decidido someterse a un experimento llevado a cabo por su propia voluntad consistente en tomar diez latas de este producto al día durante un mes para comprobar los efectos de la sustancia sobre su organismo y cómo revertirlos una vez acabado este particular trabajo de investigación.

El diario de George

El sujeto en cuestión es un varón de 50 años y 76 kilos que goza de buena salud. Prior se sometió a un riguroso examen médico antes de lanzarse a la aventura y durante los treinta días que duró el reto utilizó los refrescos de cola como única fuente de azúcar, controlando en este periodo tanto los cambios en el diámetro de su cintura como la presión sanguínea y los niveles de glucosa en sangre.

Tras el noveno día, Prior había ganado 3,7 kilos, prácticamente medio kilo al día. Prior señala que ya en este momento empieza a notar una cierta aversión hacia el refresco, no tanto por su sabor sino porque su ingesta le hace sentirse muy cansado y con el estómago lleno, sin hambre y sin ganas de consumir otro tipo de alimentos.

Transcurridas las dos semanas, la media en el incremento de peso diario se fue rebajando, si bien el sujeto llegó a sobrepasar los 82 kilos, es decir, seis kilos más de los iniciales. Siete días después, la balanza marcaba ya los 83 kilos y medio. Como curioso síntoma Prior relata que no podía abotonarse los pantalones y que a pesar de sentirse tremendamente bajo de energías, las dificultades para poder conciliar el sueño también eran considerables.

Hacia el final del experimento, Prior cuenta que por comodidad había tenido que empezar a utilizar pantalones cortos, ya los vaqueros le quedaban demasiado estrechos y le hacían daño. La consecuencia física más significativa fue sentir que no se podía agachar con la facilidad con la que siempre lo había hecho. Con todo, Prior no achaca el incremento de peso a las calorías consumidas sino a los altos niveles de insulina que presentaba su cuerpo y que convertía el azúcar de la Coca-Cola en grasas para su almacenamiento. El resultado definitivo fue de un incremento de 14 kilos, más de 90 de peso en total.

Para volver a su estado inicial tras el reto de las 10 latas al día, el sujeto tuvo que retirar de su dieta cualquier tipo de carbohidratos, recuperando la marca inicial en la báscula después de dos semanas y media.

La mala imagen de los fabricantes de refrescos

El peculiar ensayo realizado por Prior se inscribe en un contexto donde las marcas de refrescos se encuentran sumidas en fuertes debates que atañen a la salud pública. Recientemente la OMS se pronunció sin rodeos al proponer una tasa para las bebidas azucaradas similar a las que gravan el alcohol o el tabaco. La agencia de Salud de las Naciones Unidas defiende que un incremento del 20 % en el precio supondría una reducción proporcional en el consumo de estas sustancias.

(iStock)
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Con anterioridad, un estudio de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston desató la alarma al revelar que Pepsi y Coca-Cola se habrían gastado grandes cantidades de dinero financiando a organizaciones de Estados Unidosencargadas de la promoción de hábitos saludables, con el objetivo de mejorar su imagen de marca y prevenir posibles acciones legales que repercutieran en el consumo de sus productos.

Ante la epidemia de obesidad que se expande por el mundo occidental, las empresas de refrescos azucarados se están convirtiendo en las industrias tabaqueras del siglo XXI. Ante las graves acusaciones que se han ido vertiendo en los últimos tiempos, en defensa de Coca-Cola, un portavoz de la marca ha señalado: “La gente ha disfrutado de la Coca-Cola durante más de 129 años. Como todos los refrescos es una bebida perfectamente segura y puede formar parte de una dieta y un estilo de vida equilibrados. Suministramos una variedad de refrescos de cola para cumplir con las necesidades de nuestros consumidores, incluyendo opciones que son bajas en azúcar, carentes de azúcar y sin cafeína”.

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